¿Que el rock ha muerto? No tan pronto

Muchos medios —esta columna incluida— hemos difundido la idea de que el rock, en 2018, es poco o nada relevante.

Justificamos semejante afirmación ante la pobre presencia que goza en la corriente principal. Sin embargo, aquí enlistamos discos de reciente aparición que confirman que, aunque no es tan visible como en otros tiempos, hay razones para no apresurarnos a extenderle certificado de defunción. Y como el término “rock” es bastante dúctil, digamos que hemos elegido discos en los que la guitarra eléctrica juega un rol protagónico.

“Hay razones para no apresurarnos a extenderle certificado de defunción”

Lush/Snail Mail

A sus 18 años, la señorita Lindsey Jordan (quien ha decidido bautizar a su proyecto en solitario como Snail Mail) entrega un disco sorprendente, al que no es difícil encontrarle influencias como Liz Phair y Cat Power. Su principal talento es hacer canciones que derraman sinceridad: claras, directas, con emociones a flor de piel.

Freedom/Amen Dunes

Tras poco más de una década de haberse formado, esta banda neoyorkina encabezada por Damon McMahon acaba de dar en el blanco con su quinto larga duración, particularmente entre la crítica especializada, que celebra que haya encontrado una claridad como compositor y ejecutante que no se manifestaba en sus obras anteriores, en las que despachaba canciones más herméticas que las que ahora presenta. Está difícil ponerle etiqueta, pero es una especie de indie folk con ligeros destellos de electrónica. Como sea, es una belleza.

Songs of Praise/Shame

La oferta de este quinteto de reciente formación se parece al postpunk. Es decir, incluye algunos gritos, guitarras punzocortantes, ritmos salvajes, sordidez, rabia y mucha inteligencia que se manifiesta a la hora que tomaron decisiones creativas. Y al mismo tiempo es muy divertido, lo cual sin duda no es fácil de conseguir. Muy recomendable para entusiastas de bandas como The Fall o Gang Of Four. No sé qué futuro augurarle a Shame, pero su presente es muy interesante.

World’s Strongest Man/Gaz Coombes

Supergrass fue una gran banda con un grave problema: jamás logró replicar el éxito masivo de su primer sencillo, a pesar de que su carrera, en términos artísticos, siempre fue en ascenso. Decidieron no seguir juntos, pero afortunadamente su líder, Gaz Coombes, no ha perdido bríos desde que prueba suerte como solista. En este álbum muestra su habilidad como compositor y su afición por la experimentación. Y aunque generalmente se impone la canción más tradicional, de repente hay detalles insospechados y deslumbrantes.

Virtue/The Voidz

The Voidz siempre va a tener en su contra las comparaciones que predeciblemente le harán con The Strokes, dado que ambas bandas presumen al mismo delantero: el gran Julian Casablancas. Sin embargo, en este proyecto, en el que aparentemente está trabajando con músicos más afines, Casablancas elige mostrar su lado menos accesible, más oscuro, su amor por los 80, los sintetizadores y los soundtracks de películas de terror. Verdaderamente fascinante.

Microshift/Hookworms

Los puristas discutirán que quizá esta no sea una banda de rock en el sentido más estricto. Y tienen razón: sus canciones ocasionalmente pueden irse a merodear a mundos más electrónicos. Sin embargo, también tiene una buena dosis de kraut, de psicodelia y de punk que los mete directo en esta lista. Lo que hacen es música vigorizante, llena de vida, exuberante, para oírse en audífonos y enloquecer un poco.

 

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Rulo ha trabajado como locutor y programador en estaciones de radio como Radioactivo y Reactor. Ha sido director editorial del periódico Frente. Actualmente conduce el podcast llamado "La edad media" en la plataforma Convoy.