Ciudad de necios | El precio de ser chilango

transporte público

Necios que insisten en llevar al poder a quienes los tienen sumidos en el peligroso desamparo.

Sí, sí, por ahí se escuchan los cantos amielados que nos prometen felicidad si votamos por ellos, allá arriba se oye a los que se pelean los huesos, los que prometen lo de siempre para lograr lo que nunca. Y mientras, abajo, con los chilangos de segunda, las cosas empeoran en el abismo.

Gobiernos van, colores vienen, promesas van, tragedias vienen y existe la percepción de que todo empeora. No lo digo yo, basta con salir a preguntar. Eso hice: salí a preguntar.

Hay que sacar la calculadora para saber cuánto cuesta ser chilango y qué tan riesgoso y peligroso resulta serlo. Comencemos con lo costoso que es vivir en el Valle de México y trasladarse todos los días a la CDMX. Es malditamente caro. En promedio, un mexiquense que viene a chilangolandia a trabajar gasta 500 pesos semanales en transporte público si se mueve de Ecatepec, por ejemplo, a Polanco, Santa Fe o Coyoacán. Es promedio, insisto; hay casos donde se gasta menos y otros donde la cosa es más dura. Son dos mil pesos al mes y eso, según el INEGI, es más del 60 por ciento de sus sueldos mensuales. ¿No es absurdo? ¿A poco no parece una mentada de madre?

No solo ser pobre sale caro, sino que además, ser pobre y salir a trabajar resulta peligroso y en ello se puede ir la vida: diario hay asaltos, todos los días una mujer es víctima de algún tipo de violencia.

Decía que salí a preguntar, así que a las 5:15 h tomé el transporte público desde San Cristóbal, en Ecatepec, Estado de México, con rumbo a la CDMX. Era un día laborable, un día de la chinga diaria, pues. Pagué mi pasaje en una camioneta más bien desvencijada hasta llegar a Indios Verdes, una estación multimodal, de las más caóticas de la CDMX. Podía haberme ido a Coyoacán o Polanco por el Metro, pero opté por lo más difícil: Santa Fe. Es un dolor de huesos. No solo porque Santa Fe está hecha para repeler a los peatones y asustar a los ciclistas, sino porque las banquetas no son prioritarias y las ciclovías son impensables. Hay que tomar el Metro desde Indios Verdes y llegar a Chapultepec, pagar un camión y subir, subir y subir a los cielos de aquella ciudad donde la fe en el transporte está perdida y que de santa tiene lo que yo de santo. El trayecto fue de dos horas y 10 minutos. Me tocó un tráfico infernal tanto en la México-Pachuca (que conecta una parte de Ecatepec con la CDMX) y no menos penitente resultó Constituyentes para tomar rumbo a otra zona de la CDMX que desprecia a los sin coche: Santa Fe.

No me asaltaron, pero me contaron de los asaltos. Al pasaje, entonces, hay que sumarle el riesgo de un accidente en alguno de los transportes viejos que dan un servicio que cobran como si fuera de primera. Y sumarle también lo que cuesta que te roben el celular, que te saquen el monedero, la cartera o que te arrebaten las joyas y relojes que solo un estúpido podría portar en el transporte de la Megaproblemópolis en la CDMX.

¿A poco no es enervante pensar que los funcionarios públicos de esta zona se mueven en camionetas lujosas y cómodas que financian los que pasan cuatro horas diarias apretados en el transporte público para ir a un trabajo mal pagado?

¿A poco exagero cuando digo que en esta CDMX y su zona metropolitana hay chilangos/mexiquenses de primera (los que viven del erario) y de segunda (los que pagamos ese erario)?

¿Es justo que quienes trabajan un chingo para ganar una bicoca la gasten en transportes así de malos y peligrosos? ¿En qué momento se olvidaron los de las oficinas de gobierno que gracias a nosotros ellos tienen una chamba bien pagada, cómoda y próspera?

¿Algún candidato a cualquier cargo público ha presentado una propuesta directa, eficaz y clara sobre cómo hacerle barata la vida a los chilangos que usan diario el transporte público? ¿O acaso no saben de lo caro que es ser pobre en esta CDMX? ¿Acaso los habitantes de la Megaproblemópolis seguirán resignados y pasarán el poder de unas manos a otras para perpetuar la condena que esos mismos habitantes sobrellevan diariamente? Agravemos más la ecuación: pensemos en quienes la pasan peor aún: no solo son pobres, no solo ganan poco, no solo no tienen prestaciones y no solo les sale caro “pagar” por ir a trabajar, sino que además son mujeres en una Megaproblemópolis feminicida. Qué caro resulta ser chilango. Qué peligroso.