Ciudad de necios | Somos peste

perros de pelea

Necios que explotan perros. Necios e indiferentes que perpetúan el maltrato

No somos una ciudad de primer mundo. No seamos vulgares narcisistas, somos una ciudad con altos niveles de impunidad, desempleo y considerable pobreza. Nos hacemos los chingones, pero somos chaquetos. En el primer mundo no se maltratan animales como en esta ciudad. Aquí, las delegaciones Gustavo A. Madero e Iztapalapa son las que más maltrato animal cometen.

Piensen en el perro que compraron en Coapa, en un bajo puente, o en el Mercado de Sonora. Ese cachorro que, según les dijeron, era de raza fina, terminó siendo algo distinto. Les prometieron que sería miniatura y creció más que nuestra desvergüenza. Les prometieron que se mantendría con colores finos y resultó con pelaje pintado de grasas infames que irritaron la piel del animalito. ¿Y todo para qué? ¿Para qué haber pagado 500, 1,000, 5,000, 10,000 pesos? Para que el niño al que se lo regalaron lo botara a los tres días; porque una cosa es verlo bonito en la tele o en el celular y otra cosa es hacerse responsable de sus excrementos, sus croquetas (que suelen ser un gasto considerable), sus gastos médicos y los ladridos que despiertan a cualquiera a deshoras, al tiempo que orina por toda la casa.

Total, que el perro termina, en “el mejor” de los casos, amarrado en la azotea (los hay que brincan de desesperación y se ahorcan mientras quedan colgados), encadenados a un poste en el patio soportando lluvia y soles extremos (ya no nos pongamos considerados con la contaminación) o terminan en la calle para, entre varios destinos, ser escogidos para uno fatal: carne fresca de perros de pelea.

En la Gustavo A. Madero e Iztapalapa se registra el mayor número de peleas de perros. Hombres y mujeres convertidos en peste circulan por Chilangolandia a bordo de vehículos cazando perros abandonados. Como son callejeros y nadie da un peso por ellos, no importan; se convierten en presa fácil de estos hombres y mujeres que los capturan y los llevan a criaderos de perros de pelea. Estos cachorros o adultos callejeros son encerrados en jaulas con perros de pelea que los asesinan como parte de su entrenamiento para ganar peleas que enriquecen a sus explotadores.

Piensen en el cachorro tierno que compraron y luego abandonaron en la calle, ese será el sparring que dará la vida en la mandíbula de otro perro de pelea.

Es uno de sus destinos. Y ustedes que los dejaron en la calle son responsables de ellos. Todos los chilangos lo somos. Por eso, cada vez se adoptan más perros callejeros y se exige que termine el mercado negro de perros junto con las peleas. ¿Pero si el chilango hecho peste insiste en comprar y abandonar?