Ciudad de necios | Merecían morir

Fotografía: EPA
Necios que no ven más allá de su burbuja. Necios que buscan salir de su burbuja

Lo leímos en redes y lo hemos escuchado en la calle. No lo neguemos. Negarlo es permanecer en esa miserable espiral de desprecio al de junto. Lo que sucedió en Tlahuelilpan sacó lo peor de muchos, quienes, lejos de empatizar, fustigaron la “ignorancia” y “ambición” de los que murieron quemados. Eso nos evidenció en ignorancia e indolencia: decenas de muertos por la explosión de un río de gasolina y hay quienes discuten entre únicamente dos polos, dos esquinas de un ring: quienes dicen que se lo buscaron y quienes creen que no se merecían morir así. ¡Ey, chilangues: hay puntos medios y matices grises entre uno y otro juicio!

Decir que quienes murieron ahí son inocentes o que son culpables de su muerte porque nadie les puso una pistola para robarse combustible son posturas que no nos llevan a nada y adonde queremos llegar es a la prevención de otra tragedia similar.

Contexto y circunstancia son la tortilla del taco. Sin tortilla, no hay taco al pastor. Sin bolillo para el tamal, no hay guajolota. Hubo quienes vieron en un galón lleno de la gasolina que brotaba como espejismo la posibilidad de llenar su tanque del coche ante el desabasto en la zona, de venderla por unos pesos (aun sin ser huachicoleros, es decir, no se dedican al robo y venta de combustible robado) y los hubo, sí, quienes iban a robar para vender y ganar de lo agandallado. Son comunidades olvidadas y pobres, donde se puede explicar el deseo de arriesgar la vida por unos billetes, en donde ninguna autoridad hizo algo útil (los resultados dantescos están a la vista) para prevenir este infierno que ya había ocurrido (el 18 de diciembre) en el mismo punto sin que hubiera protocolo que valga para prevenir lo que sucedió el viernes. Ah, ¿verdad? De hecho, hay reportes por parte de habitantes de comunidades en Puebla y Guanajuato quienes son obligados (sí, a punta de pistola) a formar parte del huachicol (aquí, por ejemplo, la historia de los niños obligados a ser halcones huachicoleros: bit.ly/2szLN1A).

Hubo quienes desatendieron las advertencias de la Policía Federal y el Ejército, y aquí cabe preguntarnos de qué sirve una autoridad… que no tiene autoridad y a la que nadie respeta o atiende. Fracasó la prevención y la advertencia, y ahí hay responsables directos.

Ante el fracaso, la imaginación. Y ahí están los creativos mexicanos que llevan días inventando responsables, motivaciones, conspiraciones y trampas.

Los que estaban ahí sabían que por unos pesos y unos galones podrían terminar calcinados junto a sus hijos adolescentes y niños. Criminalmente, les valió sorbete y no se fueron de ahí. ¿De qué tamaño era la necesidad de quienes estuvieron ahí, en lo que parecía un Sábado de Gloria con gasolina? ¿De qué tamaño son las autoridades que no lograron prevenir la tragedia, mismas que han sido cómplices del robo de combustible (Hidalgo es el estado donde más se roban hidrocarburos)? ¿De qué tamaño es la empatía de nosotros para con las víctimas y sus circunstancias? No, no merecían morir. Nadie merece morir así. Nadie elige ser pobre, desplazado, olvidado, discriminado, despreciado. No justifico el huachicol —jamás, deben ser castigados quienes se dedican a eso—, pero el viernes no era una fiesta de huachicoleros, sino de personas en circunstancias diferentes. Más amor y empatía con las víctimas no nos vendría mal. 

“¿De qué tamaño es la empatía de nosotros para con las víctimas y sus circunstancias?”