Ciudad de necios | Ciudad de Plomo

Necios que no respetan ningún reglamento. Necios que hacen imperar la ley del plomo

Nos hemos vuelto monstruos. No hay límite, no respetamos nada, y cuando digo nada es porque la vida se vuelve nada en el tráfico. Nos hemos vuelto asesinos. Cuando algún conductor le reclama a otro el no poner sus direccionales cuando de forma gandalla se cambió de carril, el otro baja y lo agarra a golpes. Las redes sociales ilustran la barbarie. He visto videos descarnados: un anciano que es obligado a bajar de su auto por un par de jóvenes que lo golpean hasta dejarlo malherido en el asfalto; un escolta que se baja de la camioneta que conduce, después de cerrarle el paso a una señora para cachetearla indómito ante los gritos desesperados del hijo menor que ve a su madre indefensa; dos microbuseros que golpean a un joven porque los vio “feo”: “¿Qué me ves, hijo de tu puta madre? ¿Por qué me ves feo?”. Y aquello termina en golpes de dos contra uno mientras los pasajeros graban, impávidos, tal vez hasta fascinados con la escena que luego subirán a internet.

Ayer un incidente de tráfico terminó a balazos. En Coyoacán, el conductor de una camioneta fue baleado, a plena luz del día, en División del Norte casi esquina con Calzada de las Bombas, en la Colonia El Parque.

Los curiosos dicen que la camioneta intentó ganarle el paso al otro coche donde venían dos hombres, quienes con insultos respondieron las maniobras.

Aquello subió de temperatura. El de la camioneta frenó y se bajó. En esta ciudad todo se arregla a insultos, a golpes. En esta ciudad nadie respeta nada. Si no respetas la vida del otro, qué chingados vas a respetar el reglamento de tránsito. En esta ciudad sin ley, sin orden, sin autoridad honesta, sin ciudadanos respetuosos, todo es un desmadre. Una balacera.

“En esta ciudad sin ley, sin orden, sin autoridad honesta, sin ciudadanos respetuosos, todo es un desmadre”

El conductor, ya abajo de la camioneta, intentó seguir la bronca cuando, a quemarropa, recibió ocho balazos. Pum. Pum. Pum. Pum. Pum. Pum. Pum. Pum.

Los asesinos huyeron. Más tarde detuvieron a otro. Supongo que eso terminará en una tragedia mayor: la familia del baleado amenazada para no denunciar nada, el juez haciéndose pato, los policías tardarán milenios en encontrar a los cómplices, enjuiciarlos y mandar un mensaje de estricto respeto a la ley. No. Es más fácil que el mensaje sea otro: todos hacen lo que se les pega la gana, porque la descortesía y la violencia se contagia. Y los chilangos para eso nos pintamos solos.

Compartir
Artículo anterior¿Qué se escribe hoy en EUA?
Artículo siguienteEdición impresa: 01/08/2018
Nacho Lozano
Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.