Katy Perry, la nueva pop star que nunca quiso ser “buena”

Katy Perry

Hoy, a propósito de la segunda fecha de Katy Perry en la Arena Ciudad de México, pienso en lo mucho que ha evolucionado la figura de la pop star. Todavía recuerdo a Britney Spears declarando que quería llegar virgen al matrimonio, intentando darse baños de pureza en pleno final de la década de los 90. Tal vez, un juego de despiste por parte de su disquera, que cada vez más explotaba su imagen hipersexualizada. Una doble moral muy à la gringa —muy de la humanidad, al final—, la fantasía de una joven vestida de colegiala.

En contraste, Katy Perry, desde que salió, nos contaba que le había gustado besar a una chica, se le veía cómoda siendo demasiado sexy a conciencia, y le divertía usar brassieres de crema batida y le sumaba al look glitter o pelucas de color neón, hacerse la nerd o un ángel, pero nunca la virginal.

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Solo habíamos visto esos niveles en Madonna, que causaba escándalo y fascinación al mostrar que gozaba del sexo, mientras cantaba de manera sugestiva “Justify My Love”, o causando revuelo en Cannes al presentar su documental En la cama, portando el bustier cónico de Jean-Paul Gaultier y besando hombres y mujeres, o a hombres que parecían mujeres y viceversa, por igual… Hacerse la mojigata nunca estuvo en sus planes, como tampoco lo está en los de Katy Perry. ¡Aleluya!

¿Que si va a dejar huella en la historia de la música? No lo sé, tal vez no a la manera de las grandes leyendas. Pero pasará a la historia por ser de las primeras chicas del pop de la era de internet en dejar de ser “buena”, perfecta; en mostrar sus ideas políticas (se ha declarado anti-Trump), burlarse de sus enemigos y hasta de sí misma, como cuando usó una sudadera con la cara de su ex Orlando Bloom, al mismo tiempo que es sensual, bella y millonaria… Una buena racha popera que incluye a Rihanna y a Miley Cyrus, pero esas ya son palabras mayores. Bravo.

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