El acid techno de Ñaka ñaka

naka naka
Foto: Cortesía Ñaka Ñaka

Hace poco más de un lustro descubrí la música de Ñaka Ñaka. Llegué a ella porque alguien me sugirió escuchar un EP suyo, Juan Pestañas. Me habían dicho que era una buena banda sonora para musicalizar pesadillas. Ese EP que venía con la garantía de estar publicado en el sello de música electrónica experimental Opal Tapes, de Stephen Bishop (Basic House), sí producía escalofríos, pero unos muy disfrutables. Aunque cualquiera acostumbrado a echarse frecuentes clavados en su propio subconsciente iba a sentirse como en casa. Aquel EP era sombrío, pero por alguna razón esa bruma melancólica resultaba familiar. Se sentía más como entrar a un estado mental a medio camino entre la vigilia y el sueño. ¿Sonambulismo? Más tarde, a finales del 2013, fui testigo de su live set como parte de Mutek de ese año, uno que pasaba con maestría de los paisajes abstractos a los beats bailables. Electrónica ácida y oscura que parecía capturar el espíritu de la época. En una entrevista que le hice por aquel entonces, Jerónimo Jiménez —productor mexicano detrás de Ñaka Ñaka— me contó que su estilo era una aglomeración de influencias actuales y del pasado, de múltiples géneros. Vivía en NY, donde estuvo expuesto a montones de conciertos de noise —A. Dilloway, J. Lescalleet…—, además de ir con frecuencia a fiestas de techno y house. “Hay una disquera, L.I.E.S., que tiene actos increíbles, y ser testigo de sus presentaciones es algo que disfruto mucho”, me dijo por aquel entonces. Más tarde publicó otro EP emocionante, tan emparentado con lo onírico y tan taciturno y lúgubre como el anterior, pero con más ritmo debajo de todo. Ñaka Ñaka ha sido admirador desde siempre de los estados alternos, meditativos, a los que puede conducirnos la música envolvente, y es lo que busca con sus creaciones. Queremos oír ya lo que ha estado produciendo recientemente, en su nueva base de operaciones, Buenos Aires. Los tiempos se mantienen aciagos, así que seguro su acid techno será igual de intrigante y desolador como eso a lo que nos tiene acostumbrados. Nos vemos este sábado 2 en Terminal (Bolívar 20, Centro Histórico).

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