El ambient filoso de Yves Tumor

Yves Tumor
Foto: especial

A finales del 2016, figuró en algunas listas de los mejores discos del año un álbum enigmático, por decir lo menos. Se llamaba Serpent Music, lo firmaba Yves Tumor y lo publicaba PAN, un sello basado en Berlín que ha venido forjando, desde 2008, un territorio sonoro único a partir del arte sonoro y la música electrónica experimental.

Aquel disco fascinaba desde la portada. A través de ella, comenzábamos a introducirnos al universo personalísimo de Yves Tumor, el personaje que Sean Bowie, productor y multinstrumentalista nacido en Tennessee pero con base de operaciones en Turín, ha gestado para expandir —¡dinamitar!— fronteras en lo sonoro, lo visual, lo estético…

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En ese retrato de Yves Tumor tomado por Daniel Sannwald que daba la bienvenida a aquel disco, se percibía algo que algunos de sus seguidores han visto como un ánimo de disolver narrativas raciales y de género en busca de autenticidad, búsqueda que, apenas escuchamos el disco, se suma a una pasión voluptuosa por la música.

Su sonido ha sido descrito como de incómoda belleza o que va de lo disonante a lo abrasador, sugiriendo que su escucha es perturbadora, exasperante o cualquier otra cosa menos placentera. Y vaya que lo es. Pero sí es retadora. “Posee una perspectiva extrañamente esperanzadora del apocalipsis”, ha escrito Pitchfork, por ejemplo.

A finales del 2017, además de cambiar de sello —de PAN a Warp—, Yves Tumor publicó Experiencing the Deposit of Faith, un nuevo álbum de ambient que nos conduce por paisajes imaginarios dignos de la más inescrutable de las historias. Onírico, etéreo, volátil, huidizo… Justo como uno podría imaginarse un “depósito para la fe”. El sábado en la noche, a su paso por Nrmal, veremos cómo suenan en vivo todas esas capas de sonido que lo mismo aluden a lo litúrgico que a lo pagano, lo postindustrial, lo ruidoso como camino a lo extático. A mí me emociona.

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