Un grito ahogado

Christian Zermeño.- En la escena apoteósica de la película de Luis Estrada El Infierno, un narco venido a presidente municipal celebra el famoso Grito de Dolores en medio de fuegos artificiales y una lluvia de balas.

Eran los años de plomo del calderonato, por lo que la ficción se nos aparecía cercana en un sexenio teñido de sangre en el que incluso hubo un atentado en Morelia la noche del 15 de septiembre de 2008, cuando un grupo de sicarios lanzaron granadas en medio de la celebración.

A partir de este lamentable suceso nunca esclarecido del todo –que junto al incendio del Casino Royale en Monterrey, supuso la llegada oficial del narcoterrorismo al país– la celebración más importante de los mexicanos se ha convertido en un grito ahogado por la incertidumbre y por el despliegue de seguridad oficial.

En esta ocasión a las acostumbradas amenazas por el narco hay que sumarle a escala nacional el descontento con el gobierno priísta, que tiene en su presidente probablemente el mandatario con el más bajo nivel de popularidad por lo menos de los últimos 20 años.

En este año la celebración de la Independenciae casi coincide por unos días con el primer aniversario por la desaparición de los jóvenes estudiantes de Ayotzinapa.

Además de que se celebrará apenas una semana después de que se diera a conocer el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que levantó una gran indignación nacional e internacional por contradecir con sólidos argumentos la mal llamada “verdad histórica” sobre el caso.

En la Ciudad de México, capital económica, política y cultural del país y por lo mismo el epicentro de la indignación nacional, Enrique Peña Nieto se enfrenta a lo que probablemente será una rechifla histórica.

La estrategia para escurrir el bulto será como siempre “invitar” a grupos afines al gobierno (acarreados), colocar a militares como en los últimos años como invitados especiales, y amenizar el festejo patrio con la Arrolladora Banda El Limón, por lo que se sospecha que los asistentes no serán propiamente intelectuales de izquierda.

Por último, si se caldean los ánimos y se prepara otra efigie para la quema, los más seguro es que el compañero de La Gaviota simple y sencillamente no salga al balcón a tocar las famosas campanadas en memoria de los hombres que nos dieron patria.

En Guadalajara, el gobernador y el fiscal ya anunciaron el aumento en el perímetro de seguridad en el Centro de la ciudad mientras una colonia muy tradicional como Chapalita ya avisó que este año no celebrarán su tradicional verbena del 15 de septiembre, en protesta por la construccion de una torre de de uso mixto frente a su famosa glorieta.

Su actitud muestra hasta qué punto el festejo independentista no es propiedad del régimen en turno, sino de todos los mexicanos, que ejercen en esta ocasion su derecho a no celebrar, por una razón tan poderosa como el hartazgo y la corrupción gubernamental.