La ciudad de memoria

Rubén Ochoa ballesteros

La San Rafael guarda algunos de los edificios más antiguos de la ciudad; 377 de ellos están catalogados como patrimonio artístico. Este arquitecto lucha por preservar la memoria de esta colonia

Por Carlos Acuña (@esecarlo)

Es difícil creerlo pero, hace unos meses, Rubén Ochoa Ballesteros sufrió un infarto cerebral. Después de repasar decenas de fechas, luego de nombrar a los viejos condes que trazaron los primeros predios de la ciudad y de revisar historias familiares implicadas en la posesión de antiguas casonas porfirianas, este hombre de traje sastre y cabello engominado interrumpe su charla para disculparse: ha olvidado el nombre de una calle.

–Félix Candela y Enrique de la Mora pusieron un despacho de arquitectura aquí en la colonia San Rafael. Estaba en la calle…, disculpa, tuve tres infartos cerebrales y perdí por completo la memoria.

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Difícil creerlo: Rubén Ochoa Ballesteros es memoria pura. Hablar con él es recrear la historia de la ciudad. Desde Tlalpan hasta el Centro Histórico, pasando por Coyoacán, la Tabacalera, Azcapotzalco, la Del Valle, Santa María la Ribera: un mapa histórico se despliega en cada una de sus palabras. Vecino de la San Rafael, hoy este arquitecto se dedica a implementar una campaña que, frente al embate de los grandes desarrollos inmobiliarios y la gentrificación, lucha por preservar el patrimonio arquitectónico y cultural, además de evitar que habitantes originales emigren a otras colonias y que cierren negocios tradicionales.

–Cada que perdemos una sastrería o una jarcería, aparece un OXXO —se lamenta—. Esto no solo borra el carácter de una zona: se pierden estructuras familiares, comunidad. Hay una diferencia enorme entre comprar en una panadería y llevarte tu pan caliente envuelto en una bolsa de papel, a comprar unas donas Bimbo en el 7Eleven… Bimbo, por cierto, comenzó aquí. Lorenzo Servitje llegó a México en los años 30, comenzó a vender pan rebanado en una esquina cerca de Sullivan, su hija se llamaba María Elena: Marinela. Ahora son trasnacionales.

Rubén Ochoa Ballesteros y una ciudad de memoria

Rubén Ochoa Ballesteros nació en un viejo edificio frente al Ángel de la Independencia, en un piso 6. Todavía recuerda el número: 359. A los dos años, sin embargo, demolieron el edificio. Esa fue, dice, su primera viudez. Desde entonces no ha hecho sino perder un edificio tras otro.

“Cuando yo nací, en 1950, había 100 casas porfirianas hermosas en Paseo de la Reforma. Hoy quedan 14. De repente nos surgió un Manhattan de las entrañas, completamente mal planeado, que daña el subsuelo y cuyo impacto urbano todavía no terminamos de sentir del todo. ¿Qué pasará cuando todos esos megaproyectos estén completos? ¿Qué quedará de la ciudad?”.

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Egresado de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, de los años en que Mathias Goeritz, Luis Barragán y Félix Candela otorgaban cátedra —con los dos últimos nunca logró matricularse—, durante 28 años Rubén Ochoa Ballesteros se dedicó a restaurar construcciones antiguas en Tlalpan. De manera intermitente habitó también la casa familiar, en la famosa Privada Verde de la calle Miguel Schultz, un corredor de principios de siglo XX. Desde allí comenzó a registrar la historia de la colonia San Rafael.

Hace 12 años, el gobierno de la Ciudad de México expropió el edificio y, hace un año, luego de varios amparos, fue desalojado de su casa. Hoy, además de pelear una indemnización, intenta impulsar el rescate del patrimonio desde Territorio R, una cafetería en Serapio Rendón 61. Aquí, cada jueves ofrece charlas sobre defensa del territorio o sobre política urbana. Ahí mismo se le puede buscar para contratar un recorrido guiado por el barrio acompañado de él y todo lo que sabe.

–La San Rafael tiene 377 casas clasificadas como inmuebles con valor artístico —explica—. A veces me da miedo caminar por la colonia y ver que perdimos una; 92 fueron ya modificadas. Otras las demolieron para dejar solo la fachada, el puro antifaz.

Una de las muchas acciones que Rubén Ochoa Ballesteros ha implementado para conservar el valor patrimonial de la colonia, además de rehabilitar espacios que se puedan rentar a bajos precios, es brindar paseos a grupos interesados. En sus caminatas, recuerda uno a uno los comentarios que Candela o Goeritz hicieron sobre estas calles y los entrelaza con las vidas de los poetas Salvador Novo o Jorge Cuesta, la fotógrafa Tina Modotti o la pintora Leonora Carrington, quienes habitaron la colonia.

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El Cine Ópera

La San Rafael era una zona de cines y teatros. Muchos abandonados o en desuso, la vida cultura de la colonia parece cada vez más mermada. El Cine Ópera, una de las joyas arquitectónicas de la época, quizás sea uno de los ejemplos más dramáticos. Inaugurado en 1949, está a punto de convertirse en ruinas.

–Los decorados interiores los hizo Clara Porset. A ella la trajeron para hacer el decorado del Hotel Continental Hilton, en Insurgentes y Reforma, pero en el Ópera hizo una cosa esplendorosa: estas Cleopatras ondulantes, estos bellísimos sillones de hongo que hasta hace cuatro años se estuvieron pudriendo. Era un cine espectacular. ¿Por qué está en desuso? Porque hay una deuda laboral con los trabajadores, porque después del 85 se declaró que el inmueble era insuficiente estructuralmente y porque el dueño (Operadora de Teatros) decidió dejarlo de usar. En 2011, le encargaron al INBA restaurarlo, convertirlo en proyecto cultural, pero no han encontrado un papel y un lápiz. Es una lástima. Lo que aquí se requiere es una recuperación ciudadana: la burocracia no lo va a hacer nunca. Esta ciudad la tenemos que rescatar nosotros.