Una guía del lado insólito de la CDMX

Ciudad de México insólita y secreta

La editorial francesa Jonglez publicó una guía de rarezas históricas y actuales de la CDMX que ya puede conseguirse en librerías chilangas: Ciudad de México insólita y secreta.

Por Ricardo Garza Lau

Mario Yaír T.S. estudiaba en 2012 Comunicación Audiovisual en el Claustro de Sor Juana. Pero la escuela no lo apasionaba, ni invertía las tardes haciendo tarea. Lo que hacía era salir a las calles del Centro Histórico a vagar y curiosear. No tenía un motivo específico, simplemente exploraba callejones, vecindades o mercados que eran desconocidos para él.

Cierto día de aquel año, empezó uno de los típicos aguaceros diluvianos chilangos, así que se refugió en la librería Gandhi que está enfrente del Palacio de Bellas Artes. Ahí se topó con una guía de lugares insólitos en Londres, publicada por la editorial francesa Jonglez. Tras hojearla, pensó que la Ciudad de México tenía peculiaridades mucho más sorprendentes que las mencionadas. Entonces contactó a Thomas Jonglez, fundador y editor de dicha compañía, para proponerle escribir la guía de la capital mexicana.

A Jonglez le gustó la idea y así fue como inició una de las guías de rarezas más exhaustivas que se hayan escrito sobre nuestra ciudad — Ciudad de México insólita y secreta —, en la que aparece momificado el primer ovario extirpado en México, los petroglifos de Tláloc en la Magdalena Contreras, la azotea verde más grande de Latinoamérica en un edificio del gobierno, el monumento al barrendero o el espectacular mural de David Alfaro Siqueiros y otros cuatro artistas en el Sindicato Mexicano de Electricistas.

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¿Cómo fue el proceso de escritura del libro una vez que el editor aceptó que lo redactaras?

Primero me pidió 130 lugares. Le di una lista de 150, pero luego empezamos a hacerla y terminamos con entre 300 y 400 sitios. Había unos que tenían una historia fantástica, pero solo eran una piedra, así que tuvimos que descartarlos. Yo salía y me perdía por la ciudad. Recorrí todas las estaciones del Metro, caminé por cuantas calles pude, y de esos recorridos salieron muchas historias. Lo primordial fue buscar en lugares que no eran turísticos, por eso de los primeros que exploré estuvo Iztacalco, Azcapotzalco, la Gustavo A. Madero y las Lomas de Chapultepec.

¿Cuánto tiempo en total tardaste en hacer Ciudad de México insólita y secreta?

Originalmente estaba planeado para que saliera en un año, pero terminaron siendo cinco.

¿De todos estos recorridos cuál consideras el más memorable?

Uy, en esa guía está escrita mi historia. Más que una guía turística, la considero un libro personal, porque en cada lugar me pasaron cosas. En algunos conocí a mis parejas, por ejemplo. Recuerdo subir al Cerro del Judío para descubrir una pirámide en la cima. Fue una experiencia extraordinaria. Alrededor de todo el cerro, hay varias casas que tienen vestigios arqueológicos en sus paredes. En Xochimilco me pasó lo mismo, hay petroglifos esparcidos por las casas, y los turistas solamente van a las trajineras. La guía trata justo de eso: de salirse de la Condesa y el Museo de Antropología, y conocer todo lo demás que ofrece esta ciudad.

Además de los lugares que te encontraste recorriendo las calles y tocando puertas, ¿quiénes más fueron tus fuentes?

Algunos lugares de Tlalpan y Mixcoac los recorrí por una amiga que da tours literarios para el INBA. En la Roma está el Taller Tlamaxcalli, que en el libro aparece como el Archivo General de Sueños y Utopías. Dos muchachos ahí son cuentacuentos en lugares alejados de la ciudad, ellos me recomendaron sitios extraordinarios. Otros más los descubrí en guías turísticas de los 60 o los 90, y unos más salían en la televisión o internet, pero no hablaban del lugar, sino que lo usaban de fondo para un comercial.

¿Qué tiene la CDMX que la hace única en una guía de peculiaridades?

La Ciudad de México te aporta lo que André Breton dijo hace mucho y Salvador Dalí confirmó: es una ciudad surreal. El problema es la destrucción fatal, porque hay lugares fantásticos que al día siguiente ya no existen. Hay sitios en la guía que alcanzaron a entrar, pero que a los dos meses de publicación desaparecieron. Todas las esquinas tienen historias fenomenales, surreales y, sin embargo, no las sabemos apreciar, desmenuzar. Los elefantes que corrieron por la Santa María la Ribera o los vestigios más antiguos de América encontrados cerca del aeropuerto, por ejemplo. Se trata de hacer memoria, no solo turistear.

Así la guía, Ciudad de México insólita y secreta, se convierte de inmediato en un documento histórico.

Sí, y se debe renovar constantemente para dar a conocer lugares que no queremos que se pierdan, como el mural de José Luis Cuevas en la Zona Rosa. Renovaron la calle de Génova y parece que la obra se les olvidó.

Durante tus caminatas, ¿cuál fue el lugar que más te impresionó?

El Museo de Arte Azúcar. Me lo encontré caminando, vi un anuncio chiquito pegado en la ventana que decía “Museo”. El lugar resume todo: la época dorada de México y las cosas que somos capaces de hacer.

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