El misterio de la hibridez

Híbridos
Foto: cortesía

Es imposible definir de manera realista u objetiva qué es un híbrido. Es un misterio que se reafirma mientras miramos un tríptico de fotos de una mujer con tres caras: ¿es un humano?, ¿un animal?, ¿un ser fantástico? El enigma está en que es un poco de todo. Se trata del trabajo de la artista francesa Orlan, quien se ha asumido a sí misma como una pieza de arte al someterse a varias cirugías con fines de expresión, y no de belleza, para evidenciar las cargas religiosas, políticas y sociales sobre “la carne femenina”, y convertirse en un ser híbrido, radical. Podemos ver esta probadita de su trabajo en “Híbridos”, la nueva exposición del Museo del Palacio de Bellas Artes. La muestra indaga en las formas culturales del cuerpo humano y su hibridación desde el arte y la antropología.

Vemos la hibridación como algo experimental entre rasgos humanos, animales y vegetales, para reflexionar sobre las tantas formas en que nos manipulamos, transformando o fusionando el cuerpo para encontrar en “lo otro” una identidad; ya sea extraño, monstruoso o fabuloso, todo es un instrumento de expresión.

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La selección de piezas así lo demuestra, desde la tortuga-pene de Toledo (con puertita puritana de por medio, no se vayan a espantar) hasta los inquietantes Witkin y Bacon. Ángeles, demonios, esfinges, centauros y posthumanos pueblan la exposición.

Conviven también seres mitológicos de Occidente con prehispánicos de la cultura mexicana. “Es un gran descubrimiento que civilizaciones tan antiguas y distintas encuentren en el arte el mismo lenguaje”, explica Tatyana Franck, directora del Musée de L’Elysée de Suiza y creadora del concepto original de la expo, para referirse a seres fantásticos como la esfinge egipcia y ese hombre alado en un tejido huichol.

Musée du Louvre, Centre Georges Pompidou y Galleria degli Uffizi son algunos de los museos de donde provienen muchas de las piezas. El concepto curatorial es del director del Museo del Palacio de Bellas Artes, Miguel Fernández Félix, quien no ha soltado, desde su paso por el Munal, su obsesión por los lazos entre México y los museos franceses. Merci.

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