Zona arqueológica en miniatura

Zona arqueológica en miniatura
Foto: Tamara de Anda

Todo chilango debería conocer este mágico espacio de la ciudad que guarda una zona arqueológica en miniatura.

“Hazme una carretera para jugar con mis carritos”, le dijo su pequeño hijo Eric a don Lino Velázquez. Como el niño estaba malo del corazón, su papá siempre andaba buscando alguna alegría que darle, así que le hizo una modesta autopista en el patio. Desde las seis de la mañana, el chiquillo ya estaba jugando con sus cochecitos, y hasta ponía los foquitos navideños para iluminarles el camino. Desgraciadamente, Eric falleció a la edad de 15 años. Para sobrellevar la depresión, Lino comenzó a construir edificios que acompañaran esa vía que ahora estaba más solita que nunca. Los primeros fueron versiones en miniatura del Acueducto de los Remedios, de los Arcos del Padre Tembleque y del cerro de Tetzcotzinco, con todo y su zona arqueológica. Luego hizo Tenochtitlán, edificios históricos texcocanos, haciendas, catedrales y hasta una pirámide egipcia y una reproducción de Neverland, la famosa mansión de Michael Jackson. Todos están elaborados con piedritas pegadas con cemento.

Ahora son sus tres nietos quienes más disfrutan la ecléctica ciudad. Sus juguetes se han convertido en los pobladores de la insólita metrópoli: dinosaurios, vaqueros, insectos, muñecas y luchadores conviven en armonía y le dan vida a los inmuebles bebé. Los chamacos ya hasta le tumbaron una torre a una catedral. En los terremotos no hubo ningún daño, ¿pero qué tal estos huracancitos humanos? “No me enojo, lo vuelvo a hacer”, dice don Lino sonriente.

Una zona arqueológica en miniatura

La entrada es libre, pero le puedes comprar a don Lino alguna de las artesanías que elabora: deidades prehispánicas talladas en piedra, unas casitas maravillosas hechas con puros cerillos y palillos de madera o coloridos emblemas prehispánicos bordados a mano. Y dice que si le encargan un edificio de rocas y cemento como los que tiene en el jardín o en la azotea, sin broncas se lo avienta.

Llegar es medio complicado: en el pueblo de San Dieguito Xochimanca hay una calle que se llama Baja California. Yendo de oeste a este, antes de llegar a Camino de Arrieros (está en Google Maps), vas a ver un camino de tierra con un enorme nopal. Ahí te das vuelta a la izquierda y al fondo encontrarás el letrero pintado a mano: “Zona Arqueológica en Miniatura”. Te recomendamos ir entre semana o en sábado, porque los domingos don Lino sale a vender su mercancía.

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