La vida en las montañas

Desde antes de abrir Toda una vida (gracias a esa maña mercadológica del cintillo, tan menospreciada por unos y tan útil para otros), la promesa es mayúscula: más de un millón de copias vendidas solamente en Alemania, traducciones a 33 idiomas y comentarios de Margaret Atwood e Ian McEwan.

Se trata de la primera novela de Robert Seethaler traducida a nuestro idioma y por la cual el actor, escritor y dramaturgo austriaco obtuvo el Premio Gimmelshausen y fue finalista al Man Booker International y al International Dublin Literary Award.

El protagonista de esta historia se llama Andreas Egger, un pequeño abandonado a los cuatro años por su madre a su suerte con tan solo una bolsa de piel llena de unos cuantos billetes. Acogido por su tío, un salvaje granjero, el niño entiende desde muy pequeño que lo más inteligente que un ser humano puede hacer es permanecer en silencio y no llamar la atención.

Y mientras la Tierra sigue dando vueltas, Egger se levanta cada mañana con la esperanza de llegar al otro día y va al trabajo y descubre que no está solo en el mundo y se enamora y se enfrenta a la muerte y, como cualquier otro, se pregunta cuál es el sentido de su existencia.

No es un libro lleno de acción o aventuras, ni se trata de una trama elaborada, llena de giros y misterios. Más bien es una novela sencilla, cuya única y gran ambición es contar la vida como es. Egger se dedica a contemplar las consecuencias del paso del tiempo en su pequeña aldea perdida en los Alpes; y aunque el resto del pueblo se ve obligado a mutar, la esencia sencilla del protagonista se mantiene.

En tan solo 139 páginas, Seethaler reflexiona sobre cómo la vida hace lo que quiere con nosotros y, sin lanzar una moraleja, nos invita a cuestionarnos cómo sería el mundo si nos mantuviésemos auténticos, sin ambiciones materiales absurdas que solamente nos distraen de lo que verdaderamente importa.

(Toda una vida, Robert Seethaler, Salamandra, Barcelona, 2017, 139 páginas, $330)