El museo que Diego soñó

En el imaginario popular, Coyoacán es el área comprendida entre avenida Universidad, Río Churubusco, División del Norte y Miguel Ángel de Quevedo, con todos los clichés que este cuadrante abarca: músicos callejeros, cafés bohemios, Frida Kahlo, pulseritas, chairos, música de los 90, tacos malos y caros. El resto de la delegación es una mancha borrosa espolvoreada con atractivos como Ciudad Universitaria, el Centro Nacional de las Artes o el Estadio Azteca (sí, aunque usted no lo crea, está en territorio coyoacanense).

Por eso, cada vez que hay algún evento que convoca a gente del resto de la ciudad, los alrededores del Museo Diego Rivera Anahuacalli se llenan de nudos de coches, humanos norteados que ni con Google Maps se orientan y personas que le piden indicaciones a la señora de las quesadillas y se pierden todavía más. Su ubicación, entre las laberínticas calles del pueblo de San Pablo Tepetlapa, es uno de los encantos de este inesperado museo.

El Anahuacalli fue el gran sueño del pintor Diego Rivera. Quería un lugar especial para las piezas prehispánicas que había acumulado a lo largo de su vida (antes, el INAH no era tan estricto con la posesión de objetos arqueológicos), así que comisionó un edificio en estos terrenos de piedra volcánica. Se la encargó a su amigo Juan O’Gorman, quien mezcló el funcionalismo con la arquitectura precolombina para diseñar una imponente construcción, una obra de arte en sí misma.

Diego se gastó una lana, pero ya no alcanzó a ver el Anahuacalli concluido, porque murió en 1957 y el museo no estuvo listo sino hasta 1964. Desde entonces ha sido el escaparate de su colección y, adicionalmente, un espacio para artistas emergentes de todas las disciplinas.

Por un lado, es bueno que los turistas sigan yendo a La Casa Azul y, los más aventados, a la casa-estudio Diego Rivera para rendirle culto a la pareja de artistas mexicanos más famosa en el mundo, porque así, vacío, se disfruta más la atmósfera de este museo. Por otro, es lamentable que casi nadie lo visite, porque la verdad, la verdad, todos los chilangos deberíamos conocerlo. Aunque nos perdamos en el camino.

El Museo Diego Rivera Anahuacalli está en la calle Museo, entre Moctezuma e Hidalgo, en la colonia San Pablo Tepetlapa. La estación Nezahuilpilli del tren ligero es la más cercana.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.