“Los festivales son para celebrar que hacemos cine”: Lucrecia Martel

Una de las invitadas de FICUNAM es la argentina que llevó Zama al cine; platicamos con ella sobre los retos que enfrenta el cine latinoamericano.

Lucrecia Martel
Foto: Lulú Urdapilleta

La diminuta llama del encendedor aparece varias veces antes de que el puro se encienda. Lucrecia Martel fuma puros, no cigarros; saben mejor, son más fuertes y no dañan tanto la salud, dice. Sobre su nariz lleva unos lentes de armazón dorado que –en conjunto con el humo que exhala– ocultan sus ojos por segundos.

Originaria de Salta –una ciudad ubicada al norte de Argentina–, con 51 años y una sólida trayectoria, esta guionista y directora de cine es una de las invitadas de honor del Festival Internacional de Cine de la UNAM 2018.

En el marco del festival, la directora presentó ayer una clase magistral. Hoy participará también en una mesa de opinión sobre el sonido y el cine en el auditorio del MUAC. Además, se proyectará el documental Años luz (2017), de Manuel Abramovich, el cual retrata el rodaje de Zama (2017), la película más reciente y aclamada de Lucrecia, que la hizo merecedora de cinco premios de cine internacionales y una nominación al Oscar como Mejor película en idioma extranjero. Las funciones serán hoy, a las 17:45 en la sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario y el sábado 3 de marzo a las 19:00 en Cinemanía.

¿Por qué decidiste sumarte a FICUNAM?
Un festival tiene que servir para encontrarnos y conversar cosas, no para dar premios, competir y que la gente ande nerviosa. Tiene que ser para festejar, disfrutar que hacemos cine, que hemos podido realizar películas. Conversar entre nosotros y dialogar con el público. Creo que eso es lo importante, y FICUNAM cumple con todo esto.

Te caracterizas por tomarte tu tiempo con tus proyectos, ¿estás trabajando en algo actualmente?
A veces no me siento como una directora, porque no estoy todo el tiempo queriendo hacer cine. Mira, me gustaría hacer una película con más componentes de ciencia ficción de los que tiene Zama, estoy tratando de ir por ese camino. Además, quiero hacer un documental… a ver si me sale. Sería sobre el crimen de un comunero indígena en Argentina, sucedió en el 2009; tiene que ver con la imagen y el lenguaje, también me interesa muchísimo el tema de la propiedad de la tierra.

En medio del movimiento feminista de Hollywood, ¿qué piensas del tema de equidad de género en la industria del cine latinoamericano?
A mí me impresiona mucho más la poca representación que hay de otras clases sociales. Es increíble: si pones una lista de películas latinoamericanas, parece que tenemos una población blanca. Eso es una locura, y pasa porque la mayor parte de los directores y directoras son de clase media o media alta. Tenemos un cine pobre que en realidad no refleja la diversidad social que hay en el continente. Eso es lo más difícil que está enfrentando el cine latinoamericano en este momento.

¿Tienes alguna idea de cómo podría resoverse esto?
Es un ciclo, y para que se rompa, los gobiernos de cada país tienen que apoyar más para que haya enseñanza y así aparezcan voces en nuevos sectores de la ciudad. Los lugares de estudio no tienen que ser tan caros; de lo contrario, dos o tres barrios seguirán siendo los únicos representados en el cine. O peor, que siga sucediendo lo que ahora pasa: la persona a la que nunca le faltó nada y no tiene idea de lo que es la pobreza va y filma en los barrios más vulnerables, [y caracteriza] el narco, el policía, el ladronzuelo… Siempre desde una mirada que no tiene nada que ver con la vida de estas personas. En general, vos fíjate: cuando los directores de clase media van a filmar a lugares más pobres, los personajes son todos buenos, por culpa, o son todos delincuentes, porque tienen una visión externa.

¿Cómo percibes al público frente al cine latinoamericano?
Creo que el público está muy acostumbrado a la narrativa que triunfa en todos lados: la fórmula hegemónica que surge en Hollywood. Es un formato que todos conocemos: temas más o menos complejos, cosas extraordinariamente hechas y también porquerías como los falsos remakes. Lo que pasa es esto: si vos a un chico solamente le das de comer hamburguesa, va a ser medio difícil que quiera un filete. Hace mucho tiempo que cargamos con esto. Es innegable que Estados Unidos también produce películas buenísimas, pero creo que el gran porcentaje de lo que desparrama por el mundo es de mala calidad.

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